lunes, 23 de marzo de 2015


Serie: Conductas zoológicas

Ojo de buey.
Por: Paco Canales Loza.

El teléfono. Demasiado cerca para ignorarlo. Es indignante anclarme aquí al lado con la esperanza derrotada, pero aún esperanza, de alguna respuesta. Seguramente una disculpa. Siempre y cuando llame.

            Se va la luz. Las velas gastadas al final de los hondos candiles. Ni para qué quemarme los dedos intentándolo.

            No hay sombras más luminosas que la de los ojos tristes.

            Al verme en el reflejo de la noche...

            Nada como romper la infinita tarea de alimentar el sueño de la trascendencia.
            ¡Un final inesperado!

            Por el ojo de buey, la noche se abre al corazón de la ciudad y aún me sigo reflejando en toda la habitación. Ya no espero nada y sigo desesperado. Y salgo por el único portal abierto: el ojo de éste animal que me he vuelto al condensado exilio de la empatía.

            La noche más oscura es la solitaria. La noche mas fría es la que es rechazada displicentemente.


            Y regreso a la habitación frío y oscuro con la noche apagándose a cada hondo y desolado suspiro. El teléfono; helado y mudo, tan solo como todo lo que ha pasado.

martes, 17 de marzo de 2015

MOTEL

                                      Foto por Paco Loza

Motel.

La mañana era una pequeña mañana. De ella baja una mujer a blanco y negro tropezando en los muros de un hotel de paso. El motel era un pasillo con tres puertas.
           
       La mañana crecía. Y por ella pasaron 5 fulanos corriendo en una alegre canción de olvido.
            
          Perseguían despecho pistola y guitarra en mano a la sombra de un avión que pasaba rumbo a quien sabe donde.
            
           La mañana se detuvo un instante y me di cuenta de que no estaba tan solo.
           Dejé la maña para mañana, así a medias, y me acurruque en la siesta del medio día.

El viento de unas pequeñas balas me despertaron rozando mis oídos. La mujer, la bella mujer a blanco y negro escurría en technicolor una línea hasta la tele donde estaban los 5 fulanos tocando nuestra canción.

Salí del motel.

Aun escuchaba el pequeño zumbido sordo que me tenía atontado.

Prendí el coche y tomé el camino de regreso. Un avión pasó sobre mi y me hizo sombra. Me fijé en el reloj y levante la mirada a las luces del aeropuerto. La mañana venía: pequeña como ayer.

domingo, 15 de marzo de 2015

Lengüita pulpa.
Por Paco Canales Loza

Lengüita
Nos lamíamos las heridas mutuamente con cariño hasta terminar devorándonos.
Nocturnas Madrugadas.

Pulpa
Rápida. Furtiva. Al cuello. Al corazón. Al cuerpo.
Y me vomitaste en una bola de pelusa. Floté por la casa hasta quedar debajo de unos muebles.
Mujer Gato.
Desperté de tu narcosis: tenso, hundido. Adicto.

Otra luna en el cielo. Otro olor a noche.
El aire corre por la casa. El pasado se muda a quién sabe qué barrio.

Para cuando salió el Sol: se había disuelto la pulpa.

viernes, 13 de marzo de 2015

Mujer Gato
Por Paco Canales Loza
Te he extrañado en mis nocturnas madrugadas: en las que camino entre la luz de los espejos.
Al cerrar los ojos
las puertas
las ventanas
las cortinas rasgadas
  - Ven michi, michi.
Oigo tu guerra en los patios de otras casas y salto de la cama para salir a buscarte.
La noche habla

Subo a la azotea. La noche me golpea y estoy ebrio...
La noche me encierra y te pienso sin buscarte, encontrándote en los recuerdos solamente, y los hago ahogar en los golpes secos contra un tinaco vacío que me parte las manos.
... Y me lamo la sangre
con tu lengua
al cerrar los ojos.

Volteo a los ecos de la ciudad nocturna y no hay callejones por nuestras cuadras.

No hay luna
no hay ‘tejatos’
no hay    tú

La noche maúlla estrellas con aliento frío sobre mis ojos vacíos que destilas soledad.
Vuelvo alcohólico
felino
solo
como humano

Acerco un plato con leche a la ventana. Me agazapo en la alfombra y te espero, desnudo, revuelto.
Por el piso escucho una incierta melodía con tus pasos que caen, que no entran, que se van.
Regreso a la cama para extrañar tu arqueada columna bajo mi mano trémula que empuña un deseo animal: la insuperable prueba felina del acostumbrado abandono.
Los gatos asechan
pero no esperan
olvidan

Cierro las ventanas y me cobijo. Bebo la leche mala de un sorbo. Pienso.
Con la luz prendida: Olvido.
Y a lo lejos
maullidos... 

martes, 10 de marzo de 2015

Nocturnas Madrugadas                                                            por: Paco Canales Loza

Caminas cayendo
a cada paso
Buscándome las piernas
Son tus manos cuando rodean mi cintura
caricias a ojos cerrados
Tibias navajas en tus tibias manos
me desgarran los sueños
me despiertan tus dientes marcados en mi pecho
Me acaricias sumisa
mi mujer gato
                                                         


Al caminar cae; a cada paso, buscándome siempre las piernas.

Son sus manos, cuando rodean mi cintura; caricias estrechas a ojos cerrados.

¡Que nocturna mirada! ¡Que hipnótica manera de sobre llevar la charla! Todo lo enreda y al final logra una madeja con la que juega recostada en la alfombra, gimiendo como mujer, retorciendo su torso hasta encontrar el mío.

Y lame mis dedos y muerde; y besa como gatita y se mueve buscando el calor con sus roces, devolviendo el cariño sorpresivamente con algún acto inesperado. Siempre jugando.

De puntitas por el pasillo, recoge su sombra, orillada, rápida, elegante. Persigue mi canto de encantador de ratones y me espera con dos cigarros; mirando las paredes, las esquinas, muda, buscándome de prisa, casi maullando.

Desanuda sobre el sofá, con su piel eriza; de espalda de angora, con zonas oscuras como siamés. Recostada espera mi llegada y se yergue, en un confirmante lanzamiento de su cuerpo sobre el mío. Vuelve y se derrumba; débil, como siempre. Alejada, muy alejada: se duerme.

Quiere noche, quiere luna, quiere tejado.
Quiere gato.
... y huye por varios días...
Aparezco su fantasma y le hablo al oído de mi almohada. La escucho maullar y yo le gruño poemas en la oreja. Vuelve. Agitada, nerviosa, salvaje, sangrienta.
     En sus manos tibias tienen navajas que cortan la tibia escena descarnada. Empapada, desconocida; vuelve por la madrugada, Me busca las piernas y me acaricia, Sumisa.
Se destuerce en cada caída y sigue sus pasos; su canto: su disgusto por mi vida. Pierde las mañanas persiguiendo las más odiadas figuras en los tapetes de la pared. Y se engaña en mis brazos y termina por caer, caminando y se pierde no sé dónde. Mi mujer gato.

lunes, 9 de marzo de 2015

Una foto. serie: conductas zoológicas.

Una Foto.

-          Mira el pajarito.
-          ¡ Clic, Flash!
Reproducción instantánea. Polaroid 7 mesino.