lunes, 23 de marzo de 2015


Serie: Conductas zoológicas

Ojo de buey.
Por: Paco Canales Loza.

El teléfono. Demasiado cerca para ignorarlo. Es indignante anclarme aquí al lado con la esperanza derrotada, pero aún esperanza, de alguna respuesta. Seguramente una disculpa. Siempre y cuando llame.

            Se va la luz. Las velas gastadas al final de los hondos candiles. Ni para qué quemarme los dedos intentándolo.

            No hay sombras más luminosas que la de los ojos tristes.

            Al verme en el reflejo de la noche...

            Nada como romper la infinita tarea de alimentar el sueño de la trascendencia.
            ¡Un final inesperado!

            Por el ojo de buey, la noche se abre al corazón de la ciudad y aún me sigo reflejando en toda la habitación. Ya no espero nada y sigo desesperado. Y salgo por el único portal abierto: el ojo de éste animal que me he vuelto al condensado exilio de la empatía.

            La noche más oscura es la solitaria. La noche mas fría es la que es rechazada displicentemente.


            Y regreso a la habitación frío y oscuro con la noche apagándose a cada hondo y desolado suspiro. El teléfono; helado y mudo, tan solo como todo lo que ha pasado.

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