martes, 10 de marzo de 2015

Nocturnas Madrugadas                                                            por: Paco Canales Loza

Caminas cayendo
a cada paso
Buscándome las piernas
Son tus manos cuando rodean mi cintura
caricias a ojos cerrados
Tibias navajas en tus tibias manos
me desgarran los sueños
me despiertan tus dientes marcados en mi pecho
Me acaricias sumisa
mi mujer gato
                                                         


Al caminar cae; a cada paso, buscándome siempre las piernas.

Son sus manos, cuando rodean mi cintura; caricias estrechas a ojos cerrados.

¡Que nocturna mirada! ¡Que hipnótica manera de sobre llevar la charla! Todo lo enreda y al final logra una madeja con la que juega recostada en la alfombra, gimiendo como mujer, retorciendo su torso hasta encontrar el mío.

Y lame mis dedos y muerde; y besa como gatita y se mueve buscando el calor con sus roces, devolviendo el cariño sorpresivamente con algún acto inesperado. Siempre jugando.

De puntitas por el pasillo, recoge su sombra, orillada, rápida, elegante. Persigue mi canto de encantador de ratones y me espera con dos cigarros; mirando las paredes, las esquinas, muda, buscándome de prisa, casi maullando.

Desanuda sobre el sofá, con su piel eriza; de espalda de angora, con zonas oscuras como siamés. Recostada espera mi llegada y se yergue, en un confirmante lanzamiento de su cuerpo sobre el mío. Vuelve y se derrumba; débil, como siempre. Alejada, muy alejada: se duerme.

Quiere noche, quiere luna, quiere tejado.
Quiere gato.
... y huye por varios días...
Aparezco su fantasma y le hablo al oído de mi almohada. La escucho maullar y yo le gruño poemas en la oreja. Vuelve. Agitada, nerviosa, salvaje, sangrienta.
     En sus manos tibias tienen navajas que cortan la tibia escena descarnada. Empapada, desconocida; vuelve por la madrugada, Me busca las piernas y me acaricia, Sumisa.
Se destuerce en cada caída y sigue sus pasos; su canto: su disgusto por mi vida. Pierde las mañanas persiguiendo las más odiadas figuras en los tapetes de la pared. Y se engaña en mis brazos y termina por caer, caminando y se pierde no sé dónde. Mi mujer gato.

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